Capitulo 3

—No te preocupes —le dice con suavidad—. Smith… o más bien, Malone, no se saldrá con la suya.

Luego, añade con una mirada sincera:

—Desde que te conocí, me siento más en paz. Me has ayudado a sobrellevar lo que tanto tiempo me lastimó. Eres una mujer extraordinaria.o más en paz. Me has ayudado a sobrellevar lo que tanto tiempo me lastimó. Eres una mujer extraordinaria.

Ivette, sonrojada, sonríe levemente y le responde:

—Ya no sigas o me harás sonrojar de verdad.

Thomas afirma que está dispuesto a ayudarlos a atrapar a Malone. Ivette menciona su sueño y el tatuaje de calavera que vio en él, y pregunta si pueden buscar registros que lo confirmen. Thomas asiente: lo investigarán.

—Tengan cuidado —les advierte—. Malone es un matón peligroso y tiene contactos en todas partes.

Justo entonces, el celular de Ivette suena. Una voz le pide reunirse en un parque de fútbol… y que lleve al oficial Ryan. Pierce, alerta, le dice que deben prepararse. Thomas, preocupado, les ofrece refuerzos por si se trata de una trampa.

Pierce, visiblemente afectado, le confiesa a Ivette:

—Quiero ajustar cuentas por Devon. Y quiero ver caer a Malone.

—Tienes que mantener la calma —le aconseja ella—. No muestres debilidad. Y si todo esto se resuelve… te invitaré a conocer Lima y sus costumbres.

—Y yo te llevaré a Londres —le sonríe

—. Y trataré de estar calmado… si tú estás conmigo.

—Me llamo Frank, aunque algunos me conocen mejor como Arturo Quintana. Soy el tío de Chad. Qué gusto verte, Ivette… y al oficial Ryan. Recuerdo haberte visto en aquella operación en Londres —añade con tono burlón.

Al llegar al lugar acordado, Ivette y Pierce se encuentran con un hombre dentro de un automóvil oscuro. De pronto, se abre la puerta trasera, y el corazón de Ivette se detiene: Cristina está dentro, amordazada, junto a otro hombre. El sujeto que los recibe sonríe con cinismo y se presenta:Ivette frunce el ceño y le responde con dureza:

—Claro que te recuerdo… Ayudabas a García a atraer a chicas, incluyéndome a mí, a hoteles donde las vendían a hombres como mercancía.

En ese momento, varios hombres armados los rodean y les apuntan. Entre ellos, aparece Smith—o mejor dicho, James Malone—con una cicatriz visible en el rostro.

—Vaya, Ryan… Qué gusto volver a verte. Tal vez no me reconociste del todo. Hay pocas cosas que una buena cirugía no pueda mejorar, incluso una marca de explosión como la que me dejó tu querido amigo Devon.

Pierce contiene su rabia con dificultad.

—Devon era mi compañero. Un buen hombre. No olvido lo que le hiciste. El capitán Thomas y muchos sabían en lo que andabas… puede que hayas cambiado de rostro, pero él perdió la vida.

Ivette, firme, lo enfrenta:

—Y yo recuerdo tu tatuaje… y cómo disfrutabas de “negociar” con niñas en burdeles. Si fuera por mí, ahora mismo te haría pagar por cada lágrima que causaste.

Smith sonríe, perverso.

—Supe quién eras desde el primer momento que te vi: inocente, provocativa… Tu hermana se parece mucho a ti, ¿sabes?

Pierce da un paso adelante, encendido de furia:

—¡No te atrevas a hablar así de ella!

Ivette lo detiene con un gesto.

—No vale la pena ensuciarse con su sangre.

Luego, se dirige a Frank.

—¿Cómo convenciste a Chad de engañar a mi hermana?

Frank se encoge de hombros con cinismo.

—Fue fácil. Smith lo contactó a través de Juan. Le ofreció protección y beneficios si ayudaba con el “negocio”, siempre y cuando pudiera estar con tu hermana… Chad siempre la quiso.

Ivette lo mira con desprecio.

—Sabía que ese tipo no valía nada.

Entonces, Smith interviene, cansado de la conversación:

—Basta de charlas. Quiero un intercambio: a Pierce… por tu hermana.

Pierce no duda.

—Acepto. Pero dime primero, ¿dónde están las demás chicas? Sé que la última operación fue solo una distracción. Vi las fotos. Sé que también usas barcos para el transporte.

Smith lo observa, impresionado.

—Muy listo, Ryan… Pero si quieres ver con vida a Cristina, harás exactamente lo que yo diga.

Pierce asiente con gravedad.

—Lo haré… pero recuerda esto: si ella sale con un solo rasguño, tú no vivirás para ver el final de este juego.

Ivette, con el corazón agitado, le toma la mano por un segundo.

—Ten cuidado… No sabemos de lo que este monstruo es capaz.

Con tristeza y una furia contenida, Pierce le dice a Ivette:

—No te preocupes… sé cómo tratar con tipos como él.

Smith asiente con gesto cínico y le ordena a Frank y a Chad:

—Liberen a Cristina. Entréguenla a la oficial.

En ese momento, Ivette corre hacia su hermana, la abraza con fuerza y le pregunta, temblando:

—¿Estás bien?

—Sí… —responde Cristina, apenas en voz baja.

Pierce se acerca, le entrega su arma a Ivette y le dice con firmeza:

—Llévala a salvo. Todo estará bien.

Deja un comentario