Mientras los oficiales se llevan a Smith esposado, Castro se acerca a Ivette y Pierce.
—¿Están bien? —pregunta con preocupación.
—Un poco mareada —responde Ivette—, pero estaré bien.
Al ver a Pierce tan golpeado, ella le dice:
—Tú eres el que necesita verse… estás peor que yo.
Pierce sonríe, aún adolorido.
—No te preocupes… fue una de las mejores aventuras.
Castro los felicita por su valentía y los acompaña a la ambulancia.
Meses después, Ivette ofrece una rueda de prensa ante los medios. Junto a Castro, responde preguntas sobre James Malone y sus cómplices.
—Gracias a una app que llevaba en su celular, pudimos encontrar a varias chicas secuestradas —explica Castro—. Algunas incluso habían tenido hijos en cautiverio.
Ivette añade con firmeza:
—Malone utilizaba la excusa de viajes para traficarlas fuera del país. Aunque hemos avanzado mucho, el caso no está cerrado. Descubrimos que García y Quintana tenían un lugar secreto donde retenían a menores… y a quienes intentaban escapar, las asesinaban.
Castro señala que aún podrían haber más víctimas por identificar.
—Con la ayuda de forenses, pedimos a las familias dar muestras de ADN para identificar restos. Quizás para algunas sea una tristeza… pero al menos podrán despedirse de sus hijas con dignidad —dice Ivette con la voz serena pero conmovida.
Un periodista pregunta:
—¿Y el oficial Ryan? ¿Dónde se encuentra?
—Está en Londres —responde Ivette—. Participa como testigo en el juicio contra Malone por trata de blancas y el asesinato de su compañero, Devon Watson, y otros oficiales. Otro periodista lanza una pregunta delicada:
—¿Es cierto que usted también fue raptada de niña por esta red?
Ivette asiente con madurez.
—Sí. Me engañaron con un sueño, como podrían hacerlo con cualquier niña. Pero esa experiencia me convirtió en quien soy. Esa gente perversa existe… y debemos protegernos. Hoy me siento en paz, sabiendo que mi familia está a salvo y que los culpables están en prisión.
Castro concluye agradeciendo a la prensa por su atención. Justo entonces, el celular de Ivette vibra: es una videollamada de su tío Jorge.
—¡Hola, sobrina! Vi el reportaje, ¡qué orgullo! —le dice emocionado.
—Nunca imaginé volverme tan conocida —responde ella entre risas—. Pero me alegra que todo se haya resuelto.
Jorge, con tono pícaro, comenta:
—Aunque siento que estás un poco triste… y ya sé por qué.
Cristina se asoma y añade:
—Tiene suerte de que su corazón vuelva a latir por alguien…
—¿De qué están hablando? —pregunta Ivette, curiosa.
—No te hagas la tonta —bromea su tío—. Sabemos que el oficial Ryan volverá…
En ese momento, Jorge les presenta a su novia, Stella, a quien conoció hace cuatro meses. —¡Mucho gusto! —dice ella sonriente.
—El gusto es nuestro —responde Amalia—. No creí que mi hermano encontrara el amor otra vez…
—¡Ni yo! Pero me siento el hombre más feliz del mundo —dice Jorge con brillo en los ojos—. Quizás pronto me anime a ir a Lima. Extraño mi tierra.
—Te esperaremos con gusto —le responde Ivette con calidez.
Otra llamada entra en el celular: es el detective Castro.
—Es un placer saludarte, Ivette.
—¡Detective! Qué alegría escucharlo.
Castro, con tono solemne, les comunica una gran noticia:
—El Departamento de Policía de Los Ángeles me ha nombrado nuevo capitán.
Todos se sorprenden.
—¡Increíble! —dice Pablo— Te lo mereces. Fuiste una gran ayuda durante todo esto.
Jorge, conmovido, le dice:
—Gracias por encontrar a Cristina. Siempre estaré agradecido.
—No tiene que agradecerme nada —responde Castro—. Lo hice con el corazón.
Luego, le comenta a Ivette:
—Gracias a los recuerdos que tuviste, descubrimos más sobre García y Malone. Al parecer, se conocían desde su juventud. Pertenecían a una pandilla. Malone se infiltró en la policía para usarla como fachada. Ambos tenían cargos por feminicidio y violencia doméstica… y aunque Malone se cambió de rostro, nunca quiso borrar su tatuaje. Decía que hacerlo… sería traicionar lo que realmente era.
.…corre hacia él sin pensarlo dos veces. Los ojos de Ivette se llenan de lágrimas al verlo en la entrada del hotel, sonriente, con una rosa en la mano.
.…corre hacia él sin pensarlo dos veces. Los ojos de Ivette se llenan de lágrimas al verlo en la entrada del hotel, sonriente, con una rosa en la mano.
—Pierce… —susurra, con la voz entrecortada.
—Hola, teniente Suárez —dice él, con esa sonrisa tranquila que tanto la había ayudado a mantener la calma durante los peores momentos—. No podía dejar que esta Noche Buena pasara sin verte.
Sin mediar palabra, Ivette lo abraza con fuerza, como si no hubiera pasado el tiempo. Él la envuelve con ternura, como si estuviera justo donde pertenecía.
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